Lotu gure sokara lagundu

x
LAGUNDU

LA PRIMERA ESCALADA

LA PRIMERA ESCALADA

En la revista deportiva bilbaína ¡Aúpa! el 28 de enero de 1924 se publicaba un artículo suscrito por Antonio Ferrer, pionero del periodismo alpino, que empezaba a ser conocido por el seudónimo de “El Hombre de las Cavernas”. En el mismo lanzaba directamente un reto a los montañeros que estaban a punto de finalizar el primer concurso de cien montañas propuesto por Bandrés. Su envite se centraba en la arrogante aguja pétrea cercana a Urduña conocida como Pico del Fraile: “Esa cumbre que no han hollado pies humanos, ¿puede ser escalada?

He aquí una pregunta que formulo a los centenarios del Club Deportivo de Bilbao. Esos grandes andarines, que han pisado cien cumbres, rocosas unas y otras cubiertas de césped, esos que han subido al Anboto por el frente y por el costado, podrían decirnos algo”.

La expectación despertada fue grande y unos días más tarde, un grupo de deportivistas se acercó a la base del monolito de Tertanga para examinar las posibilidades que veían para poder escalarlo. La conclusión que sacaron tras la observación detenida del picacho fue concluyente:
¡Qué lo suba Ferrer!.

Pero no todos se impresionan negativamente ante la arrogancia vertical del pico. Tras escudriñar las dificultades que ofrecía la posible escalada, un joven montañero regresaba a Bilbao el 9 de marzo de 1924 con la firme determinación de recoger el guante lanzado por Ferrer. Los rumores de que otros montañeros estaban también considerando el intento azuzan su voluntad. Lo intentará el domingo siguiente. Quiere ser el primero.

Quien mostraba esta actitud audaz se llamaba Ángel Sopeña y era un joven montañero bilbaíno amante del deporte y socio, como no podía ser de otra forma, del Club Deportivo Bilbao.

El transcurso de la semana se le hace insufriblemente largo. Llega por fin el sábado por la tarde. En cuanto sale del trabajo, toma su equipo de montaña y se monta en el tren. Baja casi de incógnito en la estación de Urduña, donde piensa pasar la noche. No ha confiado a nadie su proyecto.

Al punto de amanecer, tras oír misa en el Santuario de la Antigua, Sopeña se encamina por la estrecha senda que profundiza en el circo de Tertanga. La mañana es tranquila; solo un poco de viento fresco. Alcanza fatigosamente la horquilla que une el pico con la sierra. De la mochila saca sus rudimentarias herramientas de escalada: un martillo, unos clavos de fundición y una piqueta o palanqueta de varilla de acero que ha preparado él mismo. Ha llegado el momento de afrontar un desafío vertical que hasta entonces nadie ha abordado en las montañas del sur del País Vasco.

Comienza a trepar. No sabe bien cómo emplear su rudimentario material de escalada.

El primer clavo que pretende fijar se rompe; el segundo queda precariamente afianzado. Pronto se conciencia de que los borceguíes claveteados que lleva no le son útiles para trepar por la roca descompuesta. Se descalza y a pie desnudo continúa ascendiendo.

Nada está escrito. Es su instinto es el que le está guiando entre los resaltes rocosos. Alcanza un corredor y trepa por él. Un esfuerzo más y ya está en sobre la misma cabeza del fraile de piedra.

Sopeña se siente invadido por un estado de ánimo diferente al experimentado en el centenar de cumbres que ha ascendido hasta entonces.
Rodeado por los cuatro vacíos que delimitan la pequeña plataforma sobre la que se encuentra, nunca hasta ese momento ha percibido con tanta intensidad la sensación de estar en una cumbre.

En una cajita de zinc deposita una tarjeta del Club Deportivo y anota en ella un mensaje dirigido a quien siga sus arriesgados pasos:
“Alpinista que este bravo risco alcanzas, termina la obra elevando el corazón al Señor. Gloria a Dios en las alturas. Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Pico del Fraile, 16 de marzo de 1924”.

En el sur del Euskal Herria se acaba de inventar la escalada y Sopeña no solo había vencido el temor al vacío; había superado un vértigo mucho más profundo: el miedo a lo desconocido.

Fotografías: A. Sopeña Bilduma eta artxibo: CD Bilbao
Autor: Antxon Iturriza
«Historia testimonial del Montañismo Vasco» Publicado por Pyrenaica
Más info: www.pyrenaica.com/publicaciones


Beste irakuketak

  • El día en que la mujer blanca subió al Kaga Tondo

    Venía de coger agua cuando he visto cerca de nuestra cabaña una extraña choza de colores. La algarabía de los niñ ...

  • EL CLUB VASCO DE CAMPING EN EL CONSEJO DE MINISTROS

    En el clima de desconfianza permanente hacia el montañismo que mantenía el régimen franquista, el proceso más largo y c ...

  • Everest, el gran día

    Al igual que en el intento del 74, el segundo acercamiento del montañismo vasco hacia el Everest iba a comenzar con una carta. El 23 de juni ...

  • La fuente de las virtudes

    Tras el éxito de la Copa, la concepción de la montaña y en este caso concreto del Pagasarri como un entorno de disfrute saluda ...

  • LA PRIMERA DAMA

    La foto está tomada el 25 de octubre de 1959 frente a los locales del Club Deportivo Eibar.

    En ella aparecen diecisiete recios al ...

  • EVEREST EN EL AÑO DEL TIGRE

    El 28 de julio de 1972, en la embajada en París del Reino de Nepal se escribía una carta dirigida a Mr. José Antonio Odriozola ...

  • La Norte del Cervino

    Un vasco, ocho japoneses y un hornillo austríaco.

    A las tres de la mañana del 20 de agosto de 1969, tres cordadas entraban ...

  • ENCRUCIJADAS EN EL K2

    Desde la ascensión de Abrego y Casimiro en 1986, ningún otro alpinista vasco había regresado a la cumbre del K2.

    E ...

  • NUESTRO PRIMER OCHOMIL

    NUESTRO PRIMER OCHOMIL
    El 12 de mayo de 2019 se han cumplido cuarenta años desde que una expedición navarra encabezada por Greg ...

  • Las dos lunas del Sahara

    En el verano de 1969, al mismo tiempo que los americano alcanzaban la luna, un reducido grupo de aventureros vascos se atrevía por primera v ...