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Una leyenda llamada Espinosa - Camino del Mont Blanc

Una leyenda llamada Espinosa - Camino del Mont Blanc
El alpinismo vasco ha tenido una leyenda. Una leyenda tan real y tangible como ignorada por la historia y el recuerdo. Salvo estudiosos del tema, se desconoce que, hace más de ochenta años años, un montañero de este país protagonizó una sucesión de proezas asombrosas para su época: escalar el Naranjo de Bulnes sin guía, Mont Blanc y Cervino en solitario, atravesar el desierto hasta el monte Sinaí y adentrarse en la selva africana para alcanzar la cumbre del Kilimanjaro. Estos son algunos de los hitos de este hombre, que se adelantó en sus planteamientos y proyectos más de medio siglo al tiempo que le tocó vivir. Vamos a ir a su encuentro en el momento en que se está inscribiendo en el modesto Hotel de l’Industrie de Chamonix. En el libro de registro detalla le prenom: Andrés, y le nom: Espinosa Echevarria; venant de: Amorebieta, Vizcaya, Espagne; âge: 26 años; date de l´arrivée: 12 de Julio de 1929. Tiene el aspecto estirado y sólido de un tronco de haya, el rostro afilado, con rasgos angulosos y una mirada fija y sosegada que levanta escrutadora desde el balcón de su habitación hasta encontrarse con la silueta maciza del Mont Blanc. Las nubes que lo escondían se han desvanecido y con ellas los temores de Andrés: “Renace mi optimismo al ver limpio de nubes al “Rey de los Alpes” y, desde este momento, el fuego de la ansiedad por andar, por luchar, por ver, prende en mi pecho”. En efecto, este vasco solitario, que no ha estado nunca antes frente a las montañas alpinas, lo que pretende es, ni más ni menos, subir al Mont Blanc. CAMINO DEL MONT BLANC Dos días más tarde, el amanecer le encuentra ascendiendo por el chemin historique con rumbo al refugio de Grands Mulets. A la entrada del glaciar, sobre las abarcas navarras de goma, se ha calzado por primera vez en su vida unos crampones, que ha comprado la tarde anterior en un bazar de Chamonix. Mientras descansa tomando un café en el refugio de Grands Mulets, en el libro de registro encuentra con agrado la reseña de paso dejada tres años antes por los vascos que le habían precedido en esta aventura: “De regreso de la cima del Mont Blanc, la Federación Vasco Navarra de Alpinismo, representada por los que suscriben, saludan al montañismo internacional”. Firman la nota Antonio Bandrés, Enrique Uriarte y Adolfo Salcedo, el 9 de Septiembre de 1926, a la una de la tarde. Pasado el mediodía, Espinosa continúa solo hacia arriba ante la perplejidad de guías y clientes, que aguardan en el refugio para acometer la ascensión la próxima madrugada. Llega al refugio de Vallot a las seis y media de la tarde. La cumbre no está lejana, pero la luz empieza a declinar y el frío se hace más intenso. Cualquiera en su caso se acomodaría para pernoctar en la inhóspita cabaña de madera de Vallot, pero Espinosa tiene otra forma de entender el alpinismo. “Me cubro la cara con el pasamontañas y sigo andando. Ya todo ha cambiado. Estoy en los dominios del Gran Rey y el ambiente tiene otra majestad”, describe. Supera los promontorios de Les Bosses y son pasadas las ocho de la tarde cuando Espinosa alcanza la cumbre del Mont Blanc. Está solo, absolutamente solo en el techo de los Alpes: “Piso la cima del Mont Blanc como si pisase el cielo. Mi entusiasmo es grande ¡Oh, Mont Blanc!, me recibes a esta hora en la que no te molesta nadie. ¡Qué ánimos me das ¡Qué coloquio tan fantástico!...”. A pesar de que la noche se le echa encima, Andrés no se inquieta. Desciende calmadamente hacia el refugio de Vallot. Sin cenar –no puede comer la tortilla ni la carne reseca que lleva – se acomoda sobre el suelo helado de la cabaña, cubierto con unas mantas húmedas que ha encontrado en un rincón. “Paso las horas encogido, agachado, sin soñar en nada, sin impaciencia alguna”. ---------------------------------- Fotografías: Archivo Antxon Bandrés y Antxon Iturriza Autor: Antxon Iturriza «Historia testimonial del Montañismo Vasco» Publicado por Pyrenaica Más info: www.pyrenaica.com/publicaciones

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