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El menú de Arraba

El menú de Arraba
Y vuelven. En las jornadas previas al 22 de junio de 1913 en los locales del Club Deportivo se vive una actividad frenética. En una de sus salas más amplias se acumulan bidones, cestas de mimbre, gruesas cuerdas de cáñamo, numerosas bandejas y platos metálicos, embudos y una gran cantidad de marmitas. Sobre esta heterogénea acumulación de utensilios se apoyan en la pared varios letreros numerados con nombres de montañas: Anboto, Aitzkorri, Ganekogorta, Pagasarri, Bizkargui, Aralar...

Los socios entran y salen con nerviosismo dejando o llevándose cosas. Todo aquello y mucho más va a hacer falta para responder al gigantesco desafío organizativo que se han propuesto para este año en Gorbeia. La experiencia del otoño pasado ha servido como punto de apoyo para poner en marcha un plan todavía más ambicioso: esta vez a la convocatoria pública se han apuntado ya casi cuatrocientas personas, a las que se pretende conducir hasta Arraba y servirles allí una comida campestre.

El día anterior se han hecho satisfactoriamente las pruebas de las parrillas en las que se asará la carne e, igualmente positiva ha sido la experiencia del montaje de las tiendas de campaña cedidas por los señores Aspiazu y Compañía de Deusto, realizada en el campo de fútbol. Allí mismo se ha estado entrenando el equipo del club que se enfrentará a una selección de la Asociación de Estudiantes en la misma campa de Arraba, en lo que se anuncia como el partido de balompié más alto de la historia de Bizkaia.

En la reunión de la directiva que se celebra el día 20, se acuerda dividir al grupo en diez secciones, cada una de las cuales llevará el nombre de una montaña; también se acepta la demagógica propuesta de un excursionista de nombrar capitán absoluto de la expedición nada menos que al botones del club y se confirma la asistencia a la misma del presidente de la Diputación y de varios diputados.

Como contraste a este ambiente festivo, en las calles de Bilbao y en todo el País Vasco se están mientras tanto recogiendo donativos para auxiliar a los afectados por la tremenda tromba de agua que había barrido el cauce alto de Bidasoa el 2 de junio de 1913: más de 60 casas, 22 puentes, ganado, personas y árboles habían sido arrastrados hasta el mar, dejando arruinados en Elizondo, Errazu y Arizkun campos y haciendas.

Y llega la víspera del gran día. El corresponsal del Noticiario Bilbaíno, uno de los numerosos periodistas que van a hacer el seguimiento informativo del acontecimiento popular, se ha integrado en el grupo que se adelanta el sábado con el objeto de preparar la infraestructura precisa para atender a los excursionistas el domingo.

“A las cinco de la tarde comenzó desde Villaro la ascensión al coloso, haciéndose sin incidentes reseñables. Tan pronto como se llegó a la soberbia campa de Arraba se procedió al armamento de las tiendas de campaña en que había de pernoctarse y a la preparación de la cocina...”

En Arraba levantan sus lonas unas tiendas de campaña y, también se constata un ascenso nocturno a la cima de Gorbeia: “ Varios socios del Deportivo salieron a media noche, llegando a la cruz de Gorbea, de donde regresaron de madrugada” .

Mientras tanto, en las calles del Casco Viejo de Bilbo se están reproduciendo las animadas escenas de unos meses antes. Los andenes de la estación de Atxuri rebosan de excursionistas que van montando en el tren especial que parte a las 5,40 de la mañana.

Un café sorbido se reparte para todos en Villaro y poco antes de la siete los diferentes grupos están en marcha hacia la montaña.

Las previsiones de los organizadores se van cumpliendo punto por punto. Otro corresponsal de prensa describe en su crónica la ascensión: “Cada grupo, con su capitán al frente, ayudante, cornetín y fotógrafo respectivo, llevaba un paso ordenado, guardando distancias iguales entre los grupos. Una lluvia de fotógrafos apostados en el trayecto no descansaban de impresionar placas....”

La disciplina casi militar que se impone a la expedición se hace todavía más patente a la llegada a la campa de Arraba. “ Todos los grupos se formaron correctamente, entrando en el campamento llevando marcialmente el paso”.

La habitualmente tranquila explanada ofrece el aspecto de un gran campamento con una actividad febril. Columnas de humo delatan el emplazamiento de la cocina, en la que Modesto Arana dirige a un equipo de cocineros. El menú que poco después sirven en plena montaña a los cuatrocientos comensales será elogiado con entusiasmo por todos los asistentes: “paella, bacalao a la vizcaína, roast-beff con patatas y postres de galletas y guindas y para remate un aromático moka”. Mientras tanto, los fotógrafos siguen moviéndose de un lado a para otro acarreando sus grandes cajones oscuros. “Incluso, el operador de la casa Pathé fréres impresionó una película”.

Luego viene la diversión. Primero el partido de fútbol en el que el presidente de la Diputación hace el saque de honor. Para entonces, al contingente de excursionistas se han añadido otros tantos aldeanos y aldeanas que asisten perplejos a aquella invasión urbana. Después se celebra una carrera pedestre y se lanzan al aire globos y cometas.

La fiesta va a terminar como empezó: a toque de corneta. Pero antes Antxon Bandrés hará una vez más alarde de su sentido de la oportunidad para conseguir sus objetivos: aprovechando la asistencia del presidente de la Diputación, da lectura a un mensaje en el que solicita la construcción de un cobijo “que sirva para guarecerse al sinnúmero de alpinistas que frecuentemente visitan Gorbea”. La solicitud es rubricada con aplausos y refrendada por las firmas de los presentes. La construcción de un refugio al pie de Gorbeia, que dará lugar a una larga historia, no ha hecho sino empezar.

Continuar leyendo, parte III

Autor: Antxon Iturriza

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